La noche de las efímeras


Family Band: Hatred


"Ser feliz significa poder percibirse a sí mismo sin temor"
Walter Benjamin (Berlín 1892 – Portbou 1940)



Si pasas la mano por la superficie del agua queda la huella, y su estela cabalga corriente abajo. La música del río y la brisa meciendo las hojas de los chopos temblones se extiende por la ribera, y se deposita sobre las flores polinizando con su melodía los colores reflejados por el sol que se ahoga en el horizonte. Oscurece, y con la oscuridad los seres luminosos que habitan la profundidad de las aguas emergen. Seres que son luz en la sombra. 


Es la hora de los efímeras, y hoy es su noche. Miles de ninfas emergen de bajo el agua y realizan su última metamorfosis, mudando de seres acuáticos a insectos frágiles provistos de unas delicadas y translúcidas alas que resplandecen en la oscuridad. Cubren por completo el margen de la riera, se sujetan al tallo de las hierbas que crecen en sus orillas aguardando que sus alas se sequen para emprender su único vuelo antes de fallecer al alba. Efímera, así es su vida. Apenas un destello en una noche de verano.

No tengo más que unas pocas horas para hacerme con algunas de ellas, preservarlas para luego estudiarlas, diseccionarlas y estudiarlas con todo detalle.  El espectáculo es mágico, la superficie del agua está cubierta por las efímeras que no cesan de emerger atropellándose las unas a las otras para alcanzar la orilla. ¿Quién se preocupa por las efímeras? ¿Quién las conoce? Yo aún retengo en mi memoria mis primeros encuentros con ellas. 

Recuerdo las noches de verano en casa de los abuelos cuando llegaba la noche de las efímeras. Llegaban atraídas por las luces y se agolpaban en las ventanas,  tras sus cristales, cayendo sobre el alféizar, caminado torpemente sobre el mismo. Entraban en bandada por la terraza, como una ráfaga de viento y caían sobre el suelo pedregoso del comedor. Aún oigo el sonido de la escoba del avía barriéndolas de nuevo hacia el exterior, combatiendo con ellas. Recuerdo esas noches, porque era de las pocas en las que la abuela no conseguía mantenernos en la cama con sus cuentos. El comieron perdices y fueron felices –porque para ella la felicidad debía ir precedida de una comida abundante–, no funcionaba aquellas noches. El hambre sufrido en la postguerra había quedado tan grabada en su memoria, que giraba el final de todos los cuentos que nos relataba antes de acostarnos. Hambruna que nos recordaba con cada cena. No concebía una comida sin dos platos, postres y pan. Sobre todo pan, ella apenas comía de lo otro, lo cocinaba para nosotros, pero el pan que se le había negado en la juventud era entonces su alimento más preciado. 

Nunca vi fotos de su adolescencia, pero cada vez que mencionaba sus incursiones a Portbou con su madre en busca de harina, mantequilla o azúcar, imaginaba una joven en tonos grises con vestido hasta las rodillas, chaqueta de lana y zapatos gastados caminando de la mano de su madre por un camino polvoriento delimitado por jaras, romeros y retamas en flor, siguiendo una columna de personas también grises, casi sombras, hasta el pueblo de Portbou. Pueblo columpiado por el viento de tramontana e instalado en una costa heredera de fronteras borradas, allí donde los Pirineos se zambullen en el Mediterráneo. Donde la cal pinta las fachadas de sus casas y donde las barcazas dormitan bocabajo en la playa aguardando a sus pescadores. Toda la escena debía ser en matices grises, los que van del blanco al negro, no podía ser de otra manera, no hay colores para pintar un conflicto bélico ni sus secuelas.

Nadie escapaba a las copiosas cenas de la abuela, más que el abuelo. El avi se alimentaba por aquel entonces de un simple arroz caldoso con ajo y una tortilla francesa de un huevo. Arroz blanco y tortilla, esa era su cena desde que tengo memoria, nunca le vi alimentarse de otra cosa. Superó sus tentaciones y abandonó sus anteriores comidas a base de judías blancas y butifarras por un puñado de arroz y un huevo. Del primer cáncer se desprendió del tabaco, se olvidó voluntariamente de los casi tres paquetes diarios que había fumado desde su infancia, y de su segundo cáncer se olvidó de las comidas abundantes y copiosas, igual que se había desprendido de todo recuerdo de la guerra y postguerra. Nunca deseaba hablar de ello. Se irritaba me decía ya cuando yo era algo mayor. Si un día empiezo a hablar no podré detenerme,  argumentaba, así que callo.

Las experiencias son como la mano en el agua, dejan huella, una huella apenas perceptible con el tiempo pero cuya estela sigue presente, fluyendo en la piel de cada uno. Sometiéndolo a sus propias tormentas. A sus perturbaciones de la memoria.


Walter Benjamin, filósofo y crítico literario alemán de tendencia marxista, amigo de Bertold Brecht y Theodor Adorno. Tradujo las obras de Marcel Proust y Charles Baudelaire. Su afiliación a la escuela y filosofía marxista le obligó a huir de la Alemania nazi. Murió en la Portbou por sobredosis de morfina al ser entregado por las autoridades fronterizas españolas a la policía francesa en un Francia ya por entonces ocupada por los nazis. 


17 degustaciones:

i*- La que canta con Lobos dijo...

Me ha encantado y no sé que decir, en fin... como dice Heráclito "todo fluye" aunque sea entre luces y penumbra. Enhorabuena por este texto tan genial y por el amor a tus abuelos, y la música me ha gustado mucho en esta noche de penumbra ;)

Un abrazo.

Frida la Llorona dijo...

Que vino tan sumamente embriagador...efímeras,tramuntana y Colliure...

Precioso texto,recuerdos gratos de mi niñez en L'Escala, mis escapadas al Faro del fin del Mundo, ese viento enloquecedor, la perfecta sonata de las olas tremendamente fieras en el castillo de Colliure...

Cuantas cosas gratas me trajiste con tu escrito embelesante....si...

Petons desde el nostre Cap de Creus...

claudia dijo...

Las cosas que más nos impactan son las que cuentan los abuelos.
Besos.

vera eikon dijo...

Qué hermoso, Aka!!! Creo que ya te he dicho que me encanta tu modo de describir. Es como si en tus textos fueras capaz de recrear a la naturaleza y sus humores. Y tienes razón en eso que dices, nos imaginamos la vida de los abuelos en tonos grises. Quizás la de nuestros padres la imaginemos en color sepia. Y sólo la que nosotros vivimos está plena de color. Pero afortunadamente todos ellos conservan el color en sus recuerdos, aunque se trate de tiempos duros....Me gusta ese nombre, "las efímeras". No deja de parecerme una palabra hermosa. En realidad sólo es el paso del hombre el que le da a las cosas ese carácter efímero. Para el insecto ese pequeño tiempo constituye toda su vida. Y a veces pienso que sólo el momento pervive para siempre. Me ha encantado. Besos

Pati dijo...

Vaya... No puedo evitar sentir nostalgia, de tiempos pasados, de momentos vividos aferrados a la memoria sin poder ni querer olvidar en un suspiro. Bonito texto.

Bienvenido, creo que te echábamos de menos...

Petons.

Aka dijo...

Loba, me alegro que te gustase la música, a mi me atrapó enseguida su melodía casi fantasmagórica, tiene un algo envolvente. Todo fluye, sin duda alguna nosotros y nuestras memorias. Gracias por tus palabras, un abrazo.

Aka dijo...

Frida, celebro haber despertado con el relato recuerdos de tu infancia en L'Escala, que lugar más hermoso, como Colliure... me enamore de ese pueblo la primera vez que lo visité. De su castillo enfrentado a las olas, y su campanario que parece que emerge de entre las aguas de la cala. Me encanta pasear por sus calles y siempre he imaginado sus colinas y callejones llenos de pintores bohemios franceses buscando el lugar perfecto donde asentar su caballete para capturar en sus lienzos los colores de la luz del Mediterráneo.

Petons de tornada al cap de Creus, quin enveja de lloc

Aka dijo...

Hola Claudia, cuánto tiempo! Tienes razón cualquier historia que cuenten los abuelos se convierten en grandes... tienen algo especial, un pedazo de historia viva pero que al mismo tiempo sientes como propia, como una historia heredada que debes retener para mantenerla viva.

un abrazo

Aka dijo...

La palabra efímera es hermosa por su sonoridad y el concepto que abarca, y es precioso que un orden de insectos reciba este nombre, es poético. Cierto lo que dices que su vida es efímera a nuestros ojos (si bien las ninfas viven meses e inclusos años bajo el agua) pero para ellos ese único vuelo es una gran travesía, sin duda de una intensidad increíble que encierra toda una vida. La vida de los abuelos siempre será en blanco y negro, y la de los padres yo la veo en colores virados a verde de polaroid o de colores sobreexpuestos :) pero sin duda ellos guardan muchos colores en sus memorias... todo y que yo las mías las veo en sepia o blanco y negro, será que soy muy peliculero y me gusta verlos como parte de una película de otros tiempos.

besos

Aka dijo...

Hola Pati! Gracias por el comentario, despertar la nostalgia de vez en cuando no está mal, siempre y cuando no quedemos encarcelada en ella, me alegro que el texto te sugiera recuerdos propios. Yo también echaba de menos volver a cierta normalidad, todo y que podría pasarme un año o dos de vacaciones!

petons

kika dijo...

Que lindo! Cierro los ojos y casi puedo ver la transformación, aunque yo no la diseccionaría porque prefiero el misterio, ese segundo fugaz en que aparecen, ese destello de verano.

aina dijo...

Has elegido un buen texto para deleitarnos.

En éste me has engañado, pensé, en todo momento, que era tuyo. Veo pinceladas de mi apreciado Proust, como también las veo cuando eres tú el que escribe.

Aka dijo...

Hola Kika, cuánto tiempo. También me gustan los misterios, pero me vence la curiosidad, será mi vertiente gatuna y si en parte me atrae todo lo desconocido es por descubrirlo, aunque no por ello pierde su magia... cuando conocemos algo nos damos cuenta de cuanto desconocemos.
Un beso y que disfrutes de la primavera por esas latitudes, aquí ya llega el otoño!

Aka dijo...

Aina, esta vez el texto es mío :) si fuese de otro lo mencionaría como suelo hacer cuando cuelgo algún fragmento de otros libros. A Proust lo leí hace muchos muchos años, pero tienes razón y suelo a apelar a la nostalgia real o no en mis escritos como hacía él, quizás por ello te recuerde algunos textos a su manera de escribir, todo y que su lírica era muchísimo mejor y más poética.
Besos

aina dijo...

¿Es tuyo? pensé que había leído que no. me alegro y te felicito.

miette dijo...

Bellísimo, no puedo decir nada más!!!
besos en espera del otoño

Aka dijo...

Gracias Miette! Besos también para ti, de momento aguantaremos las lluvias, a ver si éstas destiñen el verde de parques y bosques.