Llegada del invierno


Ha amanecido blanco. La ciudad despierta con su primer manto níveo depositado sobre sus calles y edificios, otros le irán sucediendo hasta el final del invierno; siempre ha sido así. Un estrato erigido con perseverancia a lo largo de la noche, ayer, cuando me asomé a la ventana antes de acostarme, no parecía existir nada más en el universo fuera del temporal. El resto, la ciudad completa, se había desvanecido, engullida por la ventisca de copos de nieve que zurcían la túnica con la que se ha desvelado al alba.
            Es domingo, el cielo, al igual que nuevo vestido urbano, está pálido, carente de color alguno, y poca gente habita las calles. Mirando a lo lejos uno descubre que el horizonte se ha disipado. Todo parece puro, prístino, cuando me decido a salir fuera. Dar los primeros pasos sobre la capa de nieve genera cierto vértigo, la sensación de violar una armonía de la que los humanos estamos excluidos. La nevada pinta momentáneamente el gris de la urbe, hasta que lleguen los vehículos quitanieves, los coches y el continuo pasar de los transeúntes y todo vuelva al plomizo color que corresponde a la ciudad. Al bajar al centro de Uppsala, en busca de la panadería, empiezo a descubrir las rodadas de los coches y las huellas, cada vez más numerosas, de los peatones. Allí, sólo los techos de las casas antiguas y las bicicletas, ancladas en el sustrato, conservan intacta su funda nívea. Los árboles, desprovistos de sus hojas semanas antes, se sacuden los copos con cada ráfaga de viento. Sus ramalazos permiten al frío traspasar la chaqueta. Lamento el error de no haberme puesto gorro alguno antes de dejar mi confortable apartamento. No existe el mal tiempo sino la ropa inadecuada, reza un dicho sueco. Uno de los tantos que tienen para conformarse con su insufrible meteorología.
            Prosigo bajo los fanales, todavía encendidos, que penden sobre el centro de la calle, en estas latitudes del mundo al día le cuesta más romper la lobreguez de la noche en invierno. Se mecen con el cable que los sustenta de un lado otro de la avenida. Chirrían cada vez que son zarandeadas. Los pocos viandantes con los que me cruzo, avanzan encorvados, quien sabe si para guarecerse de la ventisca o temerosos de que una farola caiga sobre ellos. También yo agacho la cabeza concentrándome en el rastro de sus huellas. Todas llevan a la misma dirección.
            Uppsala parece una ciudad pequeña a pesar de ser la cuarta en tamaño de Suecia; el centro, con sus casitas de madera de colores ocres, el río Fyris que fluye a mi derecha y la catedral de ladrillos al otro lado, un pequeño pueblo más bien. Entre semana estas calles están vivas, con gente entrando y saliendo de los locales, pero hoy es domingo, temprano, las tiendas todavía no han levantado sus persianas y las cafeterías siguen con sus puertas cerradas. Sus habitantes siguen durmiendo, o disfrutando su desayuno en  sus cocinas cálidas y acogedoras. El ronroneo del río y mis pies comprimiendo la nieve, magnifican la carga de silencio reinante en el paseo.
            Junto a la puerta de la galería, que cobija la panadería, hay sentada una muchacha joven y risueña de mejillas encendidas por el frío, que balanceándose sobre sus posaderas, agita un vaso a modo de cascabel haciendo sonar las pocas monedas que lo habitan. De su rostro enmarcado entre bufandas y coloridos pañuelos, de los que escapan mechones de cabello negro, emerge una sonrisa. Entre sus piernas cruzadas anida una fotografía en la que aparece ella rodeada por una pareja mayor y cuatro niños más de diferentes edades; en un canto del marco, la postal superpuesta de un santo que parece sobrevolarlos. Al pasar ante ella bajo avergonzado la mirada. Me maldigo por ello inmediatamente, he pasado ante la pobreza indiferente y me dirijo a la panadería. Los mendigos llegados del este, son desde hace tres años, un rompecabezas disperso por las esquinas de la ciudad asentados en todos los puntos con afluencia de gente. Son individuos que impiden la acomodación, lo establecido, que viven al margen del sistema pero que al mismo tiempo representan perfectamente al sistema. Por eso resultan molestos, porque es fácil achacar en ellos las características negativas, los miedos, las culpas, las vergüenzas que nos pertenecen pero no queremos aceptar. Los desamparados que arruinan el orden preestablecido. El mundo los excluye y se rebelan haciéndose presentes. Dejándose ver. Su disposición en los lugares emblemáticos de la urbe constituye un cantar silencioso que se dibuja por las calles. Una melopea social que viene una y otra vez, a recordar, a denunciar el sufrimiento del cuerpo.
            No hay nevada, manto suficiente, que esconda esa realidad. El níveo paisaje del invierno no hace más que ensalzar su realidad.   

El canto de una colmena en éxodo



–Escuchad. "La policía y las autoridades vecinas han evitado esta pasada madrugada la entrada de unos mil inmigrantes que han intentado acceder a la ciudad autónoma". 
–Cada dos, tres días el mismo titular. Esto no va a parar nunca. 
–¡Adelante todos ellos! Todavía hay puertas de supermercados sin nadie pidiendo con la Farola en la mano.
–¡Mil! ¡Mil personas saltando la frontera a la fuerza! Por las bravas. ¡Mil personas! En términos militares, casi un regimiento clásico. La invasión beréber, el primer de los sucesivos asaltos a la península en el 714 no debía ser mucho mayor: de doce o catorce mil individuos. ¡Mil! Mil individuos intentando entrar con el argumento de su negritud, su necesidad, el revisionismo de la historia moderna, el equilibrio de supuestos agravios pasados...
–Mil son una buena tajada. Un pueblo más que mediano. Comarcas hay en España que no los juntan. ¿Te los imaginas a todos ellos en tu barrio? ¿En el centro de salud de tu área? ¿En el parque público?
–Yo no tengo que hacer ningún esfuerzo para imaginarme eso. Hay, ya, más de esos en el barrio de mis suegros. Es lamentable, pero allí están creando un gueto en el que cada día resulta más difícil entrar. Me contaron que un piso habitado por africanos utilizaban el retrete para tirar la basura, por no tener que bajarla a la calle, con lo que se atascaba constantemente la tubería general del edificio.
–Ya ves qué lumbreras son. En mi barrio, en un edificio dormían en colchones tirados por el suelo unas veinte personas. En el centro del salón hacían hogueras y ponían perdido el techo. Y encima pagaban cuando querían, mal y tarde. Esta gente está todavía en el neolítico y les estamos forzando a quemar etapas demasiado rápido.
–Nuestra valla es la única que puede uno saltar sin consecuencias legales. Si saltas la de un chalet, un cortijo, una urbanización, un campo de golf, un campo de fútbol..., serás expulsado inmediatamente y usando la fuerza si es necesario. Es muy probable que incluso tengas que enfrentarte a una demanda por allanamiento de propiedad y pagar en consecuencia una multa. De nada te servirá alegar en tu defensa que lo hiciste impulsado por una necesidad imperiosa. Te echarán, y nadie, ningún izquierdista defensor de las famélicas legiones se pondrá de tu parte. Y ¿sabes por qué? Porque no eres de piel oscura, tienes documentación y no estás de moda. Vamos que serás un saltavallas delincuente. Hasta te tendrás que pagar el abogado. Ellos, ellos reciben uno gratis. Una semana allí, y luego un embarque gratis para la península: a buscarse la vida.
–A mendigar en la puerta de los supermercados, con su smarthphone de 300 euros con los coleguillas mientras se fuma un pitillo. A vivir, que son dos días y ya están los pringaetes hispanos para mantenerlos. Desgraciadamente, nosotros sufrimos y sufriremos aún más en nuestras carnes las consecuencias de esta invasión. Poco hábito de trabajo, poca iniciativa, mucha prole y mucha cara es lo que caracteriza a estas hordas oscuras.
–Y en Italia lo que ocurre es aún más grave. En lo que va de año, ya son cerca de 50.000 los que han llegado en barcazas.
–Este tipo de inmigración tiene tintes invasivos, y de no controlarse, Europa, la Europa que hemos conocido, estará perdida. De los partidos mayoritarios europeos que nos han gobernado en las últimas décadas, francamente, soy muy pesimista, y me inclino que no hay nada que hacer...
–¡Quita! Con eso no cuentes.
–Para nada. A la comisión europea este asunto les importa un higo. Ya hace años, Oriana Fallaci pronosticaba una invasión de estas características, y lo único que consiguió fue que los fascistas de extrema izquierda, precisamente, la llamaran fascista.
–Esos de Europa, siempre mirando para otro lado, sin querer entender que Ceuta, Melilla o Lampedusa son la frontera sur de Europa. Desde Europa las ONGs y otros grupos lo único que hacen es presión social, contándonos lo bueno que es el multiculturalismo y ser un país multirracial. Solo pretenden con ello, que nosotros nos encarguemos de todo el "excedente humano" de África.
–No deberíamos permitir que nos multiculturalicen a la fuerza. El otro día leí que en Lavapies ya hay chinches.
–En el hospital del Niño Jesús también. Estamos retrocediendo cincuenta años en higiene y seguridad.
–Lo suyo sería llenar aviones con subsaharianos y aterrizarlos en la Haya, Bruselas, Copenhague, Berlín, Luxemburgo o en cualquier aeropuerto sueco, de donde es la Comisaria de Interior de la Unión Europea, que puso a parir hace unos días a nuestra Guardia Civil de Melilla.
–Es una auténtica vergüenza.
–Por la incapacidad de nuestros gobernantes, su incompetencia o desidia ante este tremendo problema, en Europa están surgiendo partidos de extrema derecha. En otros países, la gente piensa más, y se ha hartado de ver como llega más y más gente de fuera a sus territorios. La gente vota a políticos valientes, a los que buscan soluciones a los problemas reales de la crisis económica, el desempleo y los inmigrantes.
–Esos sí van a frenar en seco esta inmigración desbordante e ilegal. Curioso, que en España ningún partido se haga con este problema.
–Vamos, Spain is different. ¡Joder! Aquí siempre vamos en dirección contraria. Esto está plagado de izquierdistas buenistas que propugnan la eliminación de las vallas fronterizas y acabar con las expulsiones de los que entran de manera ilegal. 
–La extrema izquierda tiene la fórmula para acabar con el paro y la pobreza en España: puertas abiertas a toda África. 
–Vamos directamente al caos. Y todo ello, siempre apelando a la supuesta miseria de la que huyen.
–Hambrientos no parecen los muchachotes saltavallas.
–No seas ingenuo, los que trepan la verja no son los desahuciados ni los hambrientos, son la élite, los más fuertes, lo más granado de sus pueblos. Pueblos que no dudan en abandonar a su suerte mientras marchan a su aventura en este Occidente que tanto desprecian. Vamos, que vienen a la conquista.
–¿Y miserables? La gran mayoría disponen de móviles de última generación y se manejan en internet a la perfección.
–Pero eso, seguro que los de extrema izquierda no lo hablan en las asambleas de los barrios donde los parados españoles se cuentan por miles. ¿Es con esas medidas con las que piensan arreglar el paro de España? ¿Abriendo las puertas a cientos de miles de nuevos pobres?
–Cinco litros de agua no entran en una garrafa de dos. Aquí simplemente no cabe ya más gente. 
–No puedo con estos nuevos fascistas de izquierdas. Con todos esos que van por la vida de santón civil, como mahatma, iluminados hablando del karma y las propiedades del té verde. Al barrio de mis suegros los mandaba yo a todos ellos. Veríais que rápido se dejan de utopias. Es fácil mantener ese discurso mientras el servicio doméstico latino te saca el polvo de las estanterías, o recoges lechugas en tu invernadero alternativo. Que mantengan una convivencia vertical una temporada con los vecinos difícilmente integrables del barrio de mis suegros, y luego me digan que opinan.
–Son unos laicos acomplejados y neuróticos que beben en todos los benditeros. Este país está lleno de monjas con vaqueros que se creen más buenas porque aguantan más. 
–Esos pijos progre, los únicos inmigrantes que han visto han sido por la tele.
–Están cegados por las anteojeras de lo políticamente correcto. Sólo verán el problema cuando la valla que salten sea la de sus casas. Allí quiero oírlos defender las necesidades que esos pobres inmigrantes padecen, y justificarlos con la injusticia histórica que han padecido. Pero mucho me temo que no, que llamarán a la guardia civil que tanto les gusta criticar. Y más aun, me temo que entonces será demasiado tarde. 
–Madre mía, como los españoles sigamos con esta tendencia loca de votar a los partidos de extrema izquierda anti-española, vamos todos listos. ¡Barra libre! Llegan y tienen derecho a todo, en las mismas condiciones, o mejores que el españolito.
–¡Bah! Tampoco los partidos mayoritarios son mejor. Una pandilla de inútiles. los unos y los otros, que con sus respectivas políticas de "papeles para todos" han contribuido a hundir este país. Los actuales: unos inútiles. Les limpian las botas a presidentes impresentables de los Estados Unidos, pero son incapaces de articular una sola política de vecindad con Marruecos. El acuerdo de pesca suspendido, dejando en la calle a nuestro pescadores, y sin política común en el control de las fronteras, que se traslada en verjas asaltadas sistemáticamente, una semana tras otra. ¡Inútiles! 
–Podría irse para allá este rey tan campechano que tenemos antes de retirarse y acordar alguna cosa con su "primo" el sátrapa de Rabat. Menudos unos lazos familiares que tiene nuestro mataelefantes. 
–Eso, que nos proporcione otro titular de prensa inolvidable como ese: "Los amigos del golfo", en alusión a su último viaje por Arabia. 
–Pues mira por donde, a esos jeques medievales del desierto, que deben ser sus primos lejanos, si que no me importaría que se los trajese para España.
–Que venga su dinero, pero no ellos con sus chillabas y su machismo retrógrado. Que luego aquí la arman gorda. 
–Quita, quita, que se queden con todo su dinero. Que aquí no lo queremos. Son esos millonarios los que se aprovechan de los musulmanes que se nos cuelan en el país. A los chavales musulmanes es muy fácil comerles el tarro, y prometerles un paraíso lleno de mujeres. Cualquier barbudo en la mezquita del barrio puede más que toda la educación laica que les ofrece la escuela. Todos los ciudadanos españoles y europeos sabemos que en nuestros países viven miles de islamistas dispuestos a convertirse en terroristas yihadistas a la primera oportunidad que se les presente. Estos individuos viven entre nosotros, se aprovechan de nuestros estados del bienestar, de la Seguridad Social, la sanidad, etc... En fin, que viven a costa nuestra y no cesan sin embargo de mostrarnos su odio contra nuestra sociedad de libertades. Somos tan tontos que les damos facilidades.
–Cualquier día de estos atentarán en quién sabe dónde, y encima dirán que son españoles. Que les hemos tratado mal. Que somos racistas. Cuando en realidad lo que somos es gilipollas. 
–La izquierda española ha perdido el rumbo. La izquierda simple fue anticlerical, laica, pero estos progres de mierda, sólo le hacen ojitos a los pobres moritos  Los rojos ya no son lo que eran. Este país está para salir corriendo y no parar. 
–Los intelectuales rojetes han encontrado en ellos a los nuevos "explotados" que defender, y éstos en pago deben llevarlos al poder. Para ellos, si el pueblo ya no conviene, hay que cambiar de pueblo. La extrema izquierda propone el derecho a votar y a ser elegido por los inmigrantes en las elecciones locales, al igual que defienden la nacionalización automática para todos los nacidos en los países europeos de padres extranjeros. Consideran a los inmigrantes como la fuerza revolucionaria que engendrará una sociedad regenerada.
–El "¡Proletariados del mundo, uníos!" ha muerto. Viva el "¡Inmigrantes de todo el mundo, colonizadlos!" 
–Al inmigrante le corresponde realizar la nueva utopía en lugar del proletariado local. La idealización del inmigrante ha conseguido que los trabajadores locales ya no sean defendidos por los intelectuales de izquierda. Los locales somos incluso una clase a combatir, ya que cada vez les votamos menos.
–Los nuevos marxistas de Frankfurt viendo que la población europea no sigue el camino que ellos querrían han visto en los inmigrantes su pieza clave para sus renovados planes. Con ellos piensan destruir la sociedad europea e imponernos sus ideales trasnochados. Los saltavallas no son más que meros caballos de Troya en manos de individuos que deberían estar en la cárcel como criminales que son.
–Tarde o temprano la mayoría europea, que ya ha expresado su voluntad contra la inmigración invasiva e ilegal, no aguantará más esta imposición infame, esta transhumancia y derribo de los estados-nación, con su economía, democracia, derechos, cultura, tradiciones, avasallamiento y limpieza étnica, que pisotea su dignidad y se levantará. Como siempre ha ocurrido en la historia. Y luego..., lo de siempre: se veía venir, se veía venir...
–Pero nadie lo vio...



Los necios siguen hablando mientras abandono llorando el local. 
Fuera, en las calles el canto de una colmena en éxodo.
Colmena que baila en círculos en torno a un verbo.
Apegada a ese verbo inexpresado y expresivo:
Soy.
Soy en mi tierra y soy fuera de ella.
Soy sufre.
Soy, encerrado, lejano e inacabado.
En deriva.
Soy hacer.
Soy vida.
Soy.

No es una local, son muchos. Edificios enteros. Manzanas. Vecindarios extensos por los que fluye el miedo. El miedo llega en cayucos. En pateras. El miedo salta vallas. Y los cobardes aguardan lejos de la costa, tras sus ventanas. Ya no ven a la persona, solo la excusa que justifica su miedo. Los de fuera no son humanos. Los deshumanizamos. Son excusas. Excusas para todas nuestras incompetencias y problemas. Ellos no sufren, pero nosotros sufrimos sus consecuencias. Lo nuestro es un derecho de nacimiento, no de mérito. Ellos "no son" a nuestros ojos. No son nada, y por ello nos aterran. Impiden la acomodación. Exhiben la fragilidad del orden establecido, al margen del sistema pero que al mismo tiempo tan bien representan al sistema. Nuestro sistema. El que les ha censurado el rostro, dejándoles sin facciones, pudiendo proyectar en ellos lo que nos asusta y disgusta, achacarles los miedos, las culpas y las vergüenzas que nos pertenecen pero no queremos aceptar. Esa es nuestra fragilidad. Ellos solo un verbo.

Soy.
Soy en mi tierra y soy fuera de ella.
Soy sufre.
Soy, encerrado, lejano e inacabado.
En deriva.
Soy hacer.
Soy vida.
Soy.



Nos volvemos brutos e insensibles




Los fragmentos de esta entrada forman parte de los diarios que escribió uno de mis bisabuelos, Gustav Otto, durante la Primera Guerra Mundial. Posteriormente los tradujo del alemán al castellano, para que su mujer e hijos pudiesen leerlos, y los publicó en Lima, Peru, donde vivió durante unos años . Hace poco encontré en internet que se vendía una copia del mismo en Perú y me hice con ella. Se publicó en 1930. He aquí una pequeña muestra de las entradas que contiene.



02-marzo-1915
Este F.K. bebió tanto que le atacó el delirium tremens. Con agua y café negro, después de mucho trabajo, lo hemos vuelto otra vez en sí. Yo creo que anda un poco débil de la cabeza pues el otro día no había bebido pero se portó como un demente.

24-junio-1915
Trabajamos bárbaramente. ¡Qué lluvia tan atroz! Estamos a quince metros de la zapa del francés. Los muertos están tirados por todos los lados. Gracias que tenemos bastantes puros y tabaco. ¡Ojalá nos saquen pronto de este infierno! De lo contrario, no saldrá nadie.

18-setiembre-1915
Creo que el diablo me está inspirando. Tengo unas ocurrencias raras. Tengo vivos deseos de escribir una historia o un drama donde figure un pueblo degenerado, libertino; verdaderos sátiros que sucumben al no poder dominar sus vicios pereciendo víctimas de las más espantosas enfermedades. ¡Qué chifladura!


01-octubre-1915
¡Qué puesta de sol más hermosa! Nunca he visto otra igual. ¿Es qué Alemania no tiene un cielo tan hermoso? ¿O es qué recientemente he aprendido a fijarme en la belleza de este mundo? El cielo estaba lleno de nubes blancas ondeadas. Parecía una piel de oveja. Con el crepúsculo se teñían de hermosos rojo. Llamé a mis compañeros y confesaron que nunca habían visto cosa gran extraordinariamente bella. Parece que el firmamento está en llamas, dijo uno. No, dijo otro, eso es de mal agüero y verás como mañana nos van a dar mucho cattun (fuego de artillería). 
No soy supersticioso.

03-mayo-1916
J.S. regresó de sus vacaciones. ¡Con qué alegría se fue, y con que desilusión volvió! "Renuncia mejor a tus próximos permisos. Me fui a descansar y vivir unas semanas de tranquilidad y olvido, pero en vez de esto han hecho de mí una pieza de exhibición. Me llevaron de familia en familia, de un restaurante a otro, todos querían enterarse de como se vive en el frente, y a todos tenía que decirles algo. Tenían las ideas más absurdas de como pasamos aquí los días. Si les dices la verdad, no te entienden. Si les cuentas mentiras, se quedan satisfechos. Y lo mejor, el penúltimo día me descuidé de saludar a uno de esos estúpidos y orgullosos oficiales que viven en la retaguardia, lejos del frente. Me montó un gran escándalo en la calle amenazándome con tres días de arresto. Le contesté que estaba muy agradecido; pues así al menos tendría tres días de descanso sin ser importunado por nadie. Entonces me dijo que me suspendería mi permiso en el acto y me mandaría de vuelta a las trincheras. A ésto le contesté que no tendría que darse prisa, que ya estaba harto de la patria por la cual luchábamos y que mañana mismos me iba de todos modos salvo que me favoreciera con los tres días de arresto. Se aglomeraron algunos transeúntes, obreros, mujeres, y empezaron a pronunciar palabras hostiles e hirientes contra el incomodado capitán. Gritó furiosamente que me fuera al diablo y se largo rápidamente para evitar recibir una buena paliza de la multitud. No quiero contarte más, te decepcionarías igual que me decepcioné yo. Te repito: no vayas. No vayas".

09-julio-1916
Recibimos nuevos refuerzos. Pero ¡cuán muchachos eran! Esto es un crimen. Son niños que no saben llevar un fusil y rompen en llanto y llaman a su madre cuando estalla una granada. No tienen más de diecisiete años, son flacos y pálidos. Debemos andar muy mal de contingentes.

12-julio-1916
Ya han visto su error de mandarnos gente adolescente. Han tenido que retirarlos. ¡Qué poca comprensión tiene el Estado Mayor al mandar esta criaturas por primera vez nada menos que al Somme, donde los soldados más barbudos pasan sus mayores apuros!

15-julio-1916
Este Carlos Mayer es un diablo loco. Se divierte en sacar los anillos de cobre de las granadas, que por defecto no explotaron, para guardarlos de recuerdo. Un día le van a explotar en sus narices y entonces no quedará ni rastro de él. Ayer se dedicó a amontonar una docena, de diferentes calidades, enfrente del refugio del jefe del batallón. Es conocido por miedoso; se habría llevado un buen susto cuando salió del refugio. 

01-agosto-1916
¡Cuántas bajas tenemos! Esto acabará mal. En mi compañía ya no quedamos más que seis de los viejos soldados. Ayer saltaron en nuestras trincheras dos desertores franceses. Nuestra gente no los había visto acercarse y los superiores han dado órdenes estrictas de redoblar la vigilancia.



25-agosto-1916
Muchos días sin apuntar nada. A veces me parece ridículo y sin finalidad alguna. Pero el escribir me consuela pues a alguien hay que contar las atrocidades y penurias que pasamos. Si sigue esto así, los que no mueran perderán el juicio. El infierno de Dante es nada comparado con el que sufrimos.

26-agosto-1916
Bombardearon con cañones nuestras trincheras. Es indescriptible. La presión del aire me tiró al suelo. Una lluvia de tierra y fragmentos de maderas cayó encima de nosotros. Creo que llegué hasta a rezar. ¡Qué vergüenza! Creo que hice hasta buenos propósitos. Promesas. He llorado más tarde de rabia; yo mismo me he dado bofetadas. No, no, no. De ninguna manera. ¡Dios no existe!
Mis sentimientos me han sorprendido en un momento que había perdido el control sobre mí mismo. Mis nervios ya no querían obedecer y me siento enfermo de cuerpo y espíritu. Los montones de muertos me dan mucho asco. Nos volvemos brutos e insensibles. Todos los sentimientos se ahogan dentro de uno. Ya no me impresionan los terriblemente heridos, ni sus gemidos, ni sus largas agonías. Solo me fastidian. ¿Por qué no sacamos nuestra pistola para darles el tiro de gracia? Nos portamos mejor con un animal que ha de morir de todos modos.

Todo está roto dentro de mí. Quisiera un descanso largo. Tengo ansias de ver praderas verdes, bien verdes, y tomar baños de sol sin que nadie me importune.

04-setiembre-1916
Otro ataque, otros muertos. Un torrente de heridos pasa a nuestro lado sin cesar, tratando de ganar terreno lo antes posible, para salir de este infierno mientras una fina lluvia cae incesantemente. Me siento miserable. Mis nervios dan señales de no obedecer. ¿Tengo acaso miedo? ¿Miedo de qué? La vida que llevo no vale la pena. Hace tiempo que ya me he conformado con la idea de que algún día me tocará a mí. Ya no somos hombres, estamos abatidos y enfermos de espíritu. Fragmentos de humanidad a la que sin embargo el Estado Mayor del ejército se aferra para salvar sus batallas. Muy caro pagamos los pueblos nuestra debilidad de no gobernarnos a nosotros mismos, y dejarnos usurpar nuestros derechos, convirtiéndonos en simples instrumentos de estadistas sin conciencia.



Las ilustraciones pertenecen al artista alemán Otto Schubert. Postales que él mismo dibuja para enviar a su amada. Una muestra más de como los individuos interpretaron y soportaron la contienda que se expandió por todo el Mundo entre 1914 y 1919. Más muestras de sus postales pueden encontrarse en aquí, de donde se han obtenido las mismas y su información.  


UÑAS ADENTRO




Nervo Zeleman (Cornellà, Barcelona 2005)
Intro: fragmento de "Para terminar con el juicio de dios" escrito y recitado por Antonin Artaud.
Música: Antonio, Raul, Alex.



Cuando ustedes le hayan dado  un cuerpo sin
organos lo habrán liberado de todos sus automatismos
y lo habrán devuelto a
su verdadera libertad.

Entonces podrán enseñarle a danzar al revés
como en el delirio de los bailes populares
y ese revés será
su verdadero lugar.

Antonin Artaud (Para terminar con el juicio de dios y otros poemas)



Otra pieza del experimento musical-visual Nervo Zeleman, acompañando un texto escrito y recitado por Antonin Artaud en 1948. Autor francés afectado desde su infancia por una grave meningitis que determinaría su temperamento nervioso por el resto de su vida. Se unió al movimiento Surrealista en su nacimiento, creyendo que el surrealismo era la solución para una Europa contaminada de racionalismo, para más tarde dejarlo de lado y sentar las bases de lo que bautizó el Teatro de la crueldad: "aquel que apuesta por el impacto violento en el espectador. Para ello, las acciones, casi siempre violentas, se anteponen a las palabras, liberando así el inconsciente en contra de la razón y la lógica". A la edad de cuarenta años visita al pueblo de los Tarahumaras en México para experimentar con el Peyote: "con él, el Hombre está solo y tocando desesperadamente la música de su esqueleto, sin padre, madre, familia, amor, dios o sociedad. Y andas del equinoccio al solsticio, sujetando tú mismo tu propia humanidad". A su vuelta en Europa se interesa por la numerología y la astrología y un año más tarde las autoridades irlandesas lo deportan a Francia por "sobrepasar los límites de la marginalidad". Nueve años internado enn manicomios lo acabarían hundiendo hasta que en 1948 graba el programa de radio "Para acabar con el Juicio de Dios", censurado hasta los años 70 cuando es finalmente retransmitido, veinte años después de su prematura muerte en 1948. 




LA BÚSQUEDA DE LA FECALIDAD

Allí donde huele a mierda
huele a ser.
El hombre hubiera podido muy bien no cagar,
no abrir el bolsillo anal,
pero eligió cagar
como hubiera elegido vivir
en vez de aceptar vivir muerto.

Para no hacer caca,
tendría que haber consentido
no ser,
sin embargo, no se decidió a perder el ser,
es decir, a morir viviendo.

Hay en la existencia
algo particularmente tentador para el hombre
y ese algo es
LA CACA        [aquí, rugido]
Para existir basta con dejarse ser,
pero para vivir hay que ser alguien,
hay que tener un HUESO,
hay que atreverse a mostrar el hueso
y olvidar el alimento.

El hombre prefirió más la carne
que la tierra de los huesos.
Como no había más que tierra y bosque de huesos
tuvo que ganarse su alimento,
no había mierda,
sólo hierro y fuego,
y el hombre tuvo miedo de perder la mierda
o más bien deseó la mierda
y para eso, sacrificó la sangre.
Para tener mierda,
es decir carne,
donde sólo había sangre
y chatarra de osamentas,
donde no tenía nada que ganar
y sí algo que perder: la vida.
o reche modo
to edire
de za
tau dari
do padera coco

Entonces, el hombre se replegó y huyó.

Lo devoraron los gusanos.

No fue una violación,
se prestó a obscena comida.
Le encontró sabor,
aprendió por sí mismo
a hacerse el tonto
y a comer carroña
delicadamente.

Pero ¿de dónde procede esa despreciable abyección?

De que el mundo no está ordenado todavía,
o de que el hombre sólo tiene una pequeña idea del mundo
y quiere conservarla eternamente.

Proviene de que, un buen día,
el hombre
detuvo
la idea del mundo.

Se le ofrecían dos caminos:
el infinito exterior,
el ínfimo interior.
Y eligió el ínfimo interior,
donde sólo hay que estrujar
el bazo
la lengua
el ano
o el glande.

Y dios, dios mismo aceleré el movimiento.

Dios ¿es un ser?
Si lo es, es la mierda.
Si no lo es
no existe.
O bien sólo existe
como el vacío que avanza con todas sus formas
y cuya representación más perfecta
es la marcha de un grupo incalculable de ladillas.

"¿Está usted loco, señor Artaud, y la misa?"

Reniego del bautismo y de la misa.
No hay acto humano
que, en el plano erótico interno,
sea más pernicioso que el descenso
del supuesto Jesucristo
a los altares.
No me creerán
y desde aquí veo cómo el público se encoge de hombros
pero el llamado Cristo es quien
frente a la ladilla-dios
aceptó vivir sin cuerpo
mientras un ejército de hombres,
descendiendo de la cruz
a la que dios creía haberlos clavado desde hacía mucho
se rebeló
y ahora esos hombres
armado con hierro,
sangre,
fuego y osamentas
avanzan, denostando al Invisible
para terminar de una vez con el JUICIO DE DIOS.




Me dormí y recité entonces mis más hermosos poemas



Nervo Zeleman (Cornellà, Barcelona 2005)
Letra: fragmentos de "Altazor, Canto I" de Vicente Huidrobo.
Música: Antonio, Raul, Alex.

Nervo Zeleman fue un experimento musical que nació a los veintitantos. De padres ciegos y madres con ojos llenos de navíos lejanos. Una música que caía entre una estrella y dos golondrinas, en arcoiris bordados en lágrimas de rocío y sonaba como dirigibles que van a caer. Un cielo que cayó vertiginosamente, por la atracción de la muerte, pues la muerte tiene más poder que los ojos de la amada... ojos de descanso, de reposo bien ganado.

"Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimiento de placer o de agonía.
"Se debe escribir en una lengua que no sea materna.
"los cuatros puntos cardinales son tres: el sur y el norte.
"Un poema es una cosa que será.
"Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser.
"Un poema es una cosa nunca ha sido, que nunca podrá ser.
"Huye del sublime externo, si no quieres morir aplastado por el viento.
"Si yo no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco.



fragmento de Altazor (Vicente Huidobro 1893 – 1948)
Altazor morirás Se secará tu voz y serás invisible
La Tierra seguirá girando sobre su órbita precisa
Temerosa de un traspié como el equilibrista 
sobre el alambre que ata las miradas del pavor.
En vano buscas ojo enloquecido
No hay puerta de salida y el viento desplaza los planetas 
Piensas que no importa caer eternamente si se logra escapar
¿No ves que vas cayendo ya?
Limpia tu cabeza de prejuicio y moral
Y si queriendo alzarte nada has alcanzado
Déjate caer sin parar tu caída sin miedo al fondo de la sombra
Sin miedo al enigma de ti mismo 
Acaso encuentres una luz sin noche
Perdida en las grietas de los precipicios

Cae
Cae eternamente
Cae al fondo del infinito 
Cae al fondo del tiempo
Cae al fondo de ti mismo
Cae lo más bajo que se pueda caer
Cae sin vértigo
A través de todos los espacios y todas las edades 
A través de todas las almas de todos los anhelos y todos los naufragios
Cae y quema al pasar los astros y los mares
Quema los ojos que te miran y los corazones que te aguardan
Quema el viento con tu voz
El viento que se enreda en tu voz 
Y la noche que tiene frío en su gruta de huesos

Cae en infancia
Cae en vejez
Cae en lágrimas
Cae en risas 
Cae en música sobre el universo
Cae de tu cabeza a tus pies
Cae de tus pies a tu cabeza
Cae del mar a la fuente
Cae al último abismo de silencio 
Como el barco que se hunde apagando sus luces

Todo se acabó
El mar antropófago golpea la puerta de las rocas despiadadas
Los perros ladran a las horas que se mueren
Y el cielo escucha el paso de las estrellas que se alejan
Estás solo



Lee al hombre que pinta


Idoli – Malena


Miente, miente
miente que algo quedará,
cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá. 
Joseph Goebbels



El charco entre las tomateras, el espejo donde cabe un mundo.
Un mundo por el cual transitan devoradores de bulbos de mentiras, los que brotan y brotan con cada nueva primavera. El huerto, donde la muerte zascandilea en calzones por los callejones sin disimulo, sin vergüenzas que ocultar. "¡Que se marchiten sus huesos!", le grita un viejo arrugado y de cara ceniza. Desoyendo las injurias ella sigue matando horas –para hacerse con otro cliente–, zurciendo una mantilla incasable sentada en un portal que puede ser el portal de todas las casas. El porche de la humanidad. El vestíbulo a la casa de los huesos, la de las cortinas danzantes. Aquí los rostros de la hambruna enmarcados se asoman al exterior a través de sus ventanales. Cada parto que tiene lugar entre sus muros trae al mundo gemelos: el humano y sus miedos. 

Junto a su puerta, sentado un chucho hecho de huesos. Su expresión derrotada cosida directamente sobre la calavera, sus iris más negros que la noche sin luna.

–Visita al hombre que pinta infancias en esta ciudad de hombres de ceniza, y lee sus poemas en voz alta –me recomienda el destartalado jamelgo–. Al hacerlo las palabras serán suyas pero el canto será tuyo. Heredarás su lengua. Escucharás su historia, la de sus carnes que acorazan su alma, sus guerras continuas con sus intestinos. Las palabras que quieren con todas sus fuerzas exorcizar al miedo. Una desesperación en soga. Palabras escritas que nacieron para contar esa historia que esconde. Que lleva años sin comer y sin dejar comer a las otras. Palabras que buscan abrir agujeros en el cielo con la esperanza de que algo se desprenda del mismo. Una horca quizás que ahorque lo ordinario. Algo vertiginosos y acelerado cuyo impacto ensordezca las bocas en luto que todo lo rodean. Algo que haga temblar a los temerosos comedores de bulbos de mentiras que enterraron la verdad de las palabras. Cuyas miradas y enjutados rostros, zis-zas, censuran del jardín letras incómodas. Letras pequeñas, letras modestas, letras molestas. Solo a quien pinta infancias debes escuchar. Escuchar atentamente. Debes cantar sus letras para descifrar la historia que enclava sus otras historias. Canta sus letras. No las dejes morir. No pueden morir. ¿Si no quién cantará la esperanza? 





Los caminos del mar


Claustrofobia - Muluk el hwa (Sons del desert)


Existen bajo sus aguas grandes cañones, grandes gargantas excavadas por los ríos que lo drenaban cuando estaba prácticamente seco. Surcos de más de mil metros de profundidad que serpentean desde el continente hasta perderse en sus zonas más profundas y donde se refugiaron las aguas durante la crisis del Messiniense. Al alzarse las cordilleras Béticas y Rifereñas el estrecho de Gibraltar encapsuló el Mediterráneo entre los continentes que lo anidan y sus aguas se evaporaron a una velocidad mayor que la aportada por los ríos que lo drenaban entonces. África, Asia y Europa quedaron durante años conectados por un desierto salino. Una enorme costra salina extendida de orilla a orilla en la que fueron germinando plantas. Una alfombra de jaras salpicada con azufaifas, cornicales, manzanillas y orovales coloreaban un paisaje semidesértico poblado con lagunas diseminadas de aguas salobres a las que se acercaban ginetas solitarias y erizos morunos bajo la mirada lenta de una tortuga terrestre.

Hace 5,3 millones de años, esa enorme cuenca desértica a 1.500 metros de profundidad que unió continentes por cientos de miles de años repentinamente se vió alterada por otro cataclismo orogénico que originaría la mayor y más brusca inundación que ha conocido nunca la Tierra. La abertura del estrecho de Gibraltar sumada al desnivel de la cuenca generó una entrada masiva de agua desde el océano mil veces superior al Amazonas que provocó una subida diaria de diez metros en el nivel del mar, y una enorme erosión  en su entrada de más de 200 kilómetros hacia el corazón del mismo desde el Atlántico originando el Mar de Alborán desde el Golfo de Cádiz.  



Conocedor de la crisis del Messiniense que sufrió el Mediterráneo, en los años 20 del pasado siglo, el arquitecto alemán Herman Sörgel educado en la escuela Bauhaus soñaría con la reunificación física de los continentes y diseñaría un proyecto para regular el flujo de aguas entre el Atlántico y el Mediterráneo. Sögel creció influenciado por el pensamiento Lebesraum (espacio vital) que presuponía que la existencia de un Estado quedaba garantizada siempre y cuando dispusiera del espacio suficiente para atender a las necesidades económicas y poblacionales del mismo. Traumatizado por los devastadores efectos de la Primera Guerra Mundial, se atrevió a soñar con una Europa unida en un solo estado, trabajando al unísono en un proyecto mastodóntico que proporcionase a los pueblos europeos los recursos necesarios que sus poblaciones crecientes demandaban. En un proyecto europeo y pacifista creía posible alzar presas en Gibraltar y el estrecho de Dardanelos para reducir la entrada de agua a la cuenca mediterránea. Obtener energía hidráulica de las mismas, y con el tiempo conseguir la desecación de grandes partes de la costa en el sur de Europa y Norte de África que proporcionases nuevas tierras de cultivo a los europeos, al igual que los holandeses habían ido ganando terreno al océano durante años. Con la bajada del nivel del mar, el mar Adrático se secaría uniendo Italia con la entonces Yugoslavia, Sicilia doblaría su superficie y la costa de Túnez sería asequible desde Italia a través de puentes tendidos entre el Europa-Sicilia-África. La Península Ibérica quedaría conectada directamente con el norte de África originando así un nuevo continente al que bautizó como Atlantropa. El proyecto pacifista para Europa no lo era sin embargo para África que pasaba simplemente a ser terreno anexionado del cual explotar sus recursos para las necesidades de los pueblos europeos.

Cuando los nacionalsocialistas alcanzaron el poder en Alemania y las ideas del Lebesraum fueron cobrando mayor importancia, Sögel reformó su proyecto paneuropeo y pacifista en uno que pudiese tener mayor aceptación entre el nuevo poder. Así en 1938 publicaría su nuevo proyecto al que titularía: "Las tres grandes A: América, Atlantropa, Asia – Alemania e Italia, los pilares de Antropia" (Die drei grossen A: Amerika, Atlantropa, Asien – Grossdeutschaland und italienisches Imperium, die Pfeiler Antropia), en la que visionaba un futuro geopolítico con tres grandes fuerzas confrontadas: las formadas por el continente americano, el asiático y el de Atlantropa mediante la anexión de África a Europa mediante la desecación de parte del Mediterráneo.


Sus ideas nuncio cuajaron entre los ideólogos nazis cuyas preferencias expansionistas miraban hacia el este en lugar de hacerlo hacia el sur, y con la guerra el proyecto quedó en el olvido, para morir tras la misma con el desarrollo de la energía nuclear y el final del colonialismo "físico" por las potencias europeas. Sin embargo él continuo defendiendo su proyecto hasta que en 1952 muriendo al ser arrollado por un coche. Su sueño-proyecto se fue desvaneciendo con el tiempo, pero las necesidades de los estados prevalecen, y el colonialismo ha mudado a formas más sutiles dentro del "libre mercado", donde explotadores y explotados siguen siendo los mismos, sin que aparezcan nuevas fórmulas o cambios sociales que contraigan el Lebesnraum (espacio vital) de los estados, empezando por la de sus propios individuos.