Destierro


Johann Pachelbel: Canon in D (original instruments)


Cuando la voluntad de un hombre es la ley, por mucho que se divinice, 
es claro que todos los hombres que están bajo su mandato son esclavos.
Vintila Horia, Dios ha nacido en el exilio (1960).


Hoy me ha venido a la cabeza la imagen y el nombre de Elisenda. Aquella niña otoñal, de rizada melena pelirroja y sonrisa endiabladamente traviesa con la que compartí mis primeros años de vida. Éramos vecinos, puerta con puerta, apenas separados por un replano de tres metros, suficientemente largo para albergar el hueco de la escalera. Su apartamento constituía una prolongación del mío. Cuando no estaban ella y su hermana pequeña jugando en nuestro comedor, estábamos mi hermana y yo en el suyo. Después de la cena, cuando mi padre acompañaba a mi madre al hospital, que por aquel entonces trabajaba siempre en turno de noche, mi hermana y yo nos quedábamos al cuidado de los vecinos. Nos acostábamos los cuatro niños en dos camas, desde las cuales Elisenda y yo relatábamos historias inventadas sobre la escalera, los vecinos y la noche con las que impresionar a nuestras hermanas pequeñas. Asustar y engañar a las hermanas pequeñas es de los pocas ventajas que tiene ser el hermano mayor, y había que aprovechar aquellos momentos en la que los adultos estában ausentes. Luego, una vez el sueño nos visitaba, dormíamos, y en éste llegaba nuestro padre y sin que nos percatásemos nos devolvía a nuestras respectivas camas en las que despertábamos a la mañana siguiente. 

Las tardes de los sábados y domingos transcurrían en la calle, los cuatro peldaños de la entrada de la casa de enfrente constituían nuestro universo. Cuatro escalones donde sentarse, cuatro escalones para subir y bajar incansablemente, cuatro escalones desde los que lanzarse al vacío, con los que alcanzar la cima, cuatro escalones que no se agotaban nunca. Increíble lo que un portal puede representar para un grupo de niños. En ocasiones sus padres y los míos compartían vacaciones, y pasábamos el fin de semanas juntos, o una semana de verano en el monte. El recuerdo más nítido, es el de una Semana Santa en el pueblo de uno de sus padres. Una piscina de plástico en un pequeño jardín, un perro de lenguatazo fácil y amigo de los pequeños, jugar alrededor del fuego donde se cocinaba y aprender a beber del porrón. Recuerdo de aquel viaje detenernos en un restaurante de carretera a comer algo, y como en la televisión proyectaban la película Barrabás, un clásico de la Semana Santa. Allí estaba yo, sentado de espaldas a la mesa cautivado por las vestiduras y ornamentos de los romanos, con el pueblo aclamando la liberación del ladrón condenando así a Jesús a la cruz. Un acto justo pensé unos años más tarde cuando volvieron a programar la película: el cielo para las deidades y la vida terrenal para los humanos. No podía ser de otra manera, no hay sitio aquí para las divinidades. El conflicto entre dioses y humanos está presente en todas las mitologías, y en todas ellas el humano quiere salirse airoso sin la ayuda de los otros, retándolos o rechazándolos. ¿Sería ético que los dioses se manifestasen?¿Qué diesen pruebas de su existencia? De ser así, la religión dejaría de ser un acto de fe, y el libre albedrío una quimera. Una dictadura en la que la creencia fuese una obligación y no una opción. Barrabás debía ser liberado y Jesús exiliado al reino de los cielos, no podía ser de otra manera. De haber estado allí, también hubiese gritado su nombre demostrando mi fe en el ser humano. 

Era la hora de irse. De seguir el camino. Volver a casa de sus tíos donde nos aguardaba el enorme perro y su extensa lengua. De volver al otoño de su cabellera y su sonrisa picaresca. De inventar nuevas historias. De escribir nuestra propia realidad, nuestra historia aprovechando el exilio de los dioses.



14 degustaciones:

miette dijo...

Qué bonito y entrañable, Aka, y se parece mucho a mis vivencias de pequeña. Yo también tenía unas vecinas en la puerta de al lado. Separadas por un rellano de apenas dos metros. Qué bien que me has hecho pensar en ellas, en mi infancia, que fue muy muy feliz....
Y qué bello eso de la cabellera pelirroja, y muy cierto, esos tonos recuerdan al otoño...

Disfruta del otoño escandinavo, aquí no parece querer venir...Haz alguna foto, por fa!!

Besos desde el verano eterno

i*- La que canta con Lobos dijo...

El canon de pachabel un clásico genial. Y confirmo el eterno verano del que habla Miette.Bonitos recuerdos de infancia. Los dioses son un espejismo del ser humano. Aunque a veces me gusta pensar que danzan descalzos en la penumbra. Un abrazo.

C C RIDER dijo...

Los exilios maduran un lenguaje propio, la infancia llega y se aleja igualito que un tren de cercanías, la inocencia, la divisa destellante que roba al cielo nuestro filo de silencio, beso verdad, consecuencia, la dosis de sombras que nos es asignada en la caverna. Desde la piedra del ágora se sacraliza la autoridad. Tezcatlipioca encima de una taza tentado de dejarse caer dentro. Nuestro protagonista, el otro, se queda retraído en un falso encuadre. Alejando el deseo que pueda acusarle, sepultado bajo la falsa aceptación, el artilugio del que se ve servido. No escribas más, dice. No vaya a ser que te des cuenta de que no vales un cuarto como escritor. La habitación se estrecha. Eres Teseo raptando a la dádivosa Helena y rehusando el ovillo célibe de Ariadna y ennegreciendo la ventura de las ajadas velas de tú embarcación rueca como un melodrama de títeres caducos. como un imperativo de "ley natural" que se abre (ipso jure) pagando (minima de malis) chano, chano, y como diría el otro, sorbo a sorbo y de tanto en tanto. El rumor manttiene al indolente rebaño de los zánganos allende las colmenas. La vida transcurre ajena. El contacto directo, el contacto con la realidad que se presencia y que se recuerda; esa cosa decidida. Fair is foul and foul is fair.

Un abrazo Aka.

Ina dijo...

Bonita imagen, mucho. Bonito recuerdo.

:)

Frida la llorona dijo...

...Pachelbel,no imaginas cuanto amo su música, es una bendición.

Tu relato es dulce, inocente y tan casto y puro....

Me vienen estos versos de Jorge Manrique:

Recuerde el alma dormida
avive el seso y despierte
comtemplando
como se pasa la vida
como se viene lamuerte tan callando
....................

Una abraçada Aka

aina dijo...

Precioso relato, me dejas con ganas de saber qué será hoy de ella, ¿no te haces tú la misma pregunta?

Aka dijo...

Gracias por tus palabras Miette, me alegra saber que te he hecho recordar en tu infancia, que mejor halago que saber que consigues mover un poquito de alguien con lo que haces.
El otoño ya se puede dar casi por acabado, ya hiela, pero procuraré colgar alguna foto que tengo guardada en entradas futuras. Para cuando os llegue el otoño allí.

Un abrazo fresco!

Aka dijo...

¿Los dioses son espejo o espejismo? En todo caso, sean lo que sean, hay que agradecerles que se oculten en la sombra y nos confíen la libertad de creer o no creer, y de actuar según nuestra naturaleza y no mecanismos preconcebidos por ellos. Pachabel, un clásico para rememorar tiempos clásicos de mi infancias.

Besos Loba

Aka dijo...

Cierto, el exilio genera un lenguaje propio, un lenguaje donde muchas veces predomina la memoria. Recuerdos de sensaciones falsas muchas veces, mal registradas, pero que al final son las que perviven e irónicamente con el paso del tiempo se convierten en memoria, y la memoria en realidad, y así el engaño deviene verdad. Alguien debería tener la osadía de adentrarse en esas cavernas y robar o extinguir las antorchas, iluminar o cegar que pueden ser lo mismo, un exceso de luz ciega, como la oscuridad ilumina. Y dejar así de temer a las divinidades, no lanzarse solo con valentía sino con conocimiento, ensanchando poco a poco la habitación hasta poder abrir grandes ventales por los que apreciar pasado y presente, y soñar el futuro.

Abrazo

Aka dijo...

Gracias Ina, por tus visitas.

besos

Aka dijo...

Muchas gracias por los versos Frida, Pachabel es un clásico entre los clásicos (para un ignorante de la música clásica para mí, que solo se queda con los clásicos, dada la redundancia).

Una forta abraçada!

Aka dijo...

Pues sí Aina, alguna vez, como me pasó cuando escribía que si pienso en ella, y cómo debe ser y qué debe hacer ahora. En alguna ocasión mi abuela me ha explicado algo, pues ellos se quedaron en el barrio donde sigue viviendo mi abuela, y nosotros nos fuimos a otro pueblo... a veces desearía verla o encontrarme con ella, pero luego pienso que mejor preservar el recuerdo. A veces es como volver a unos dibujos de cuando eras pequeño de los que guardabas gran cariño y luego llevarte una gran decepción. Supongo que la memoria de niño, mejor dejarla como está y no sustituir esas imágenes por otras.

un abrazo.

Lazaro dijo...

Entrañable relato que me transporta a la niñez.Yo tambien jugaba con un vecino y su hermano pequeño, en el portal de la finca de vecinos, alli, con la puerta cerrada y a salvo de la dura calle, nos sentiamos seguros, lejos de los matones del barrio; lo malo es que a los demas residentes del edificio no les hacia mucha gracia, eramos algo ruidosos. Ahora cuando vuelvo los Domingos al domicilio paterno, contemplo aquel portal y su escalera, y todo me parece mas pequeño y decrepito, mis ojos ya no son los mismos. Saludos.

Aka dijo...

Volver con ojos de adulto a los paisajes de la infancia suele ser decepcionante. A mi también me ha sucedido, los escalones del relato ya no existen, la casa fue demolida para levantar en su lugar un bloque de pisos, y el portal del edificio donde vivíamos es como dices, oscuro y chico... de niños aquello era inmenso, todo un universo! Los vecinos suelen tener poca paciencia con los niños, olvidamos rápido que lo fuimos, igual que el capataz olvida rápido que una semana antes era un trabajador más... las jerarquías, nos pierden.
Un abrazo Lázaro