Rabdomantes (once)



Cuando llegó a la urbanización corrió cuesta abajo por las calles hasta su casa. En la puerta había un policía que la invitó a pasar. El hombre con quien había hablado un par de horas salió a su encuentro y la acompañó hasta la cocina. ¿Dónde está mi madre? El detective le pidió que tomase asiento. Evren no volvió a preguntar nada, entró en la cocina y se dejó caer sobre una de las sillas. Miró la otra silla, aquella que solía ocupar su madre cuando cenaban juntas. Allí estaban los cojínes perfectamente colocados sobre el asiento y el respaldo, se los había colocado ella porque mamá se quejaba que se le clavaban los huesos: Mis huesos ya no engordan mi pellejo, solía decirle. Estaba muda, contemplando la silla vacía, como si entendiese lo que aquel mueble desocupado significaba. No necesitaba escuchar lo que el detective tenía que decirle. A pesar del trasiego de gente que había en la casa, le parecía que de repente reinaba en ella una tranquilidad y un vacío como no había experimentado nunca, como si hubiese sido despojada de toda la complejidad que tenía cuando la abandonó aquella misma mañana. Todo estaba en su lugar, parecía un día como cualquier otro, incluso sobre los fogones había una sartén y una olla con agua para hervir algo. Otra vez algas, Evren no pudo contener el pensamiento al ver el cubo rojo lleno de algas en el suelo.

–Señora Evren Dedeyan –dijo el detective.
Ella pareció no escuchar su voz, seguía mirando aquellos utensilios de cocina. La sartén, la olla, un cuchillo sobre la tabla de cortar, pieles de cebolla, un ajo, la aceitera junto al fogón. Pronto sería la hora de cenar.     
–Señora Evren Dedeyan –repitió el detective.
Evren se giró hacia el hombre que ocupaba el marco de la puerta.
–¿Cómo ha sido?
El detective se aclaró la garganta.
–Todo indica que ha caído de la escalera. Creemos que estaba recogiendo higos cuando tuvo lugar el accidente.
–La escalera, claro –el yermo de los planos parecía haberla seguido hasta casa. Volvió a mirar a su alrededor y su hogar parecía ahora una de las casas abandonadas que había visitado horas antes.
–Señora Evren Dedeyan.
–Evren, llámeme Evren.
–De acuerdo. Evren, ¿era normal que se subiese a la escalera?
–Sí. Supongo que sí. Le gustaba hacer sus cosas.
–Ya –el detective dio unos pasos por la cocina–. Me resulta molesto hacer esto, pero tengo que hacerle algunas preguntas.
Evren seguía mirando los objetos cotidianos dispuestos sobre la cocina.
–¿Había sufrido su madre algún trastorno depresivo últimamente?
Evren negó con la cabeza.
–¿Sabe si usaba alguna droga del tipo inyecciones de proteínas PAK1 o cualquier otro tipo de terapias para restaurar la memoria? Se han detectado casos en los que el uso de las mismas ha llevado a casos de depresión o ansiedad.
–No. Quiero decir, que no tengo constancia de ello.
–¿Y desrealizaciones? ¿Era aficionada a conectarse a la red? También puede generar problemas de personalidad y depresiones en según que personas.
–Creo que no. 
–¿Está segura de ello? Tenemos constancia de conexiones de desrealización desde esta dirección.
–Yo me conecto ocasionalmente. Cuando me apetece desconectar un rato de mi realidad y relajarme de mis propios problemas.   
–Ya. Me lo imaginaba. Tenemos que descartar todas las posibilidades, ¿sabe? He visto que tiene una unidad robótica domestica. ¿Nos permitiría hablar con ella? 
–¿Köle? Si claro, ¿creen que sabe algo?
–Es pura rutina, señora Evren, ya sabe, protocolos. Ha sido su unidad doméstica la que nos ha avisado. Al parecer ha intentado contactar con usted un par de veces al encontrar a su madre en el patio, pero al ver que estaba fuera de cobertura ha optado por llamarnos. 
–¿No estaba en casa en el momento del accidente?
–Parece ser que no, dice que estaba en la playa recogiendo algas tal y como su madre le había ordenado.
–Ah, claro, buscando algas.
–¿Confía en ella?
–¿En quién?
–En su unidad doméstica.
–¿Köle?, sí claro…, bueno, imagino, no tengo razón alguna para desconfiar de ella, ¿no?
–No, no debería haber ningún problema, pero como cada día estos artilugios son más complejos al final uno ya no sabe si está tratando con una simple maquina o con cualquier otra cosa. Debemos comprobar su versión, entrevistarlo y, con su permiso, analizar su memoria de registros, para corroborar su explicación con sus datos de actividad.
–Sí, hagan lo que exige sus protocolos. ¿Dónde está ella? ¿Puedo verla?
–Está atrás, tendrá que esperar un poco más para verla, sigue con el equipo de la Unidad Nacional Bennu. Protocolo, ya sabe. Cuando finalicen con el proceso de migración de su memoria le avisaré. Puesto que parece que no hay razones para sospechar que se trate de otra cosa que no fuese un accidente, se le hará entrega directa de la memoria de su madre –Evren asintió sin escuchar lo que le estaba contando el detective–. Ahora, si me lo permite, voy a hablar un momento con su unidad doméstica, ¿Köl?
–Köle.
–Eso, Köle.

Así que mamá se ha ido, dijo para sí misma con la mirada fija en la comida a medio preparar sobre el mueble de la cocina. Pasado un rato se levantó y se dirigió a los fogones. Aske observó atenta los movimientos de Evren desde su posición tumbada frente a la puerta, como si protegiese la entrada a aquel recinto. Así que otra vez algas, mamá. Algas con tu sofrito de cebollas, ajo y tomate. Pero si comimos ayer. ¿Para que querías los higos? Miró a su alrededor. En la sartén descansaba la cebolla frita, ya transparente, cortada en juliana. Rebuscó en sus bolsillos y extrajo la cuchara encontrada en el pueblo abandonado. Pensé que te gustaría, dijo dejándola junto a las pieles de cebolla. De espaldas al mueble de la cocina dejó resbalar su cuerpo poco a poco hasta sentarse en el suelo, su pecho se hinchaba y deshinchaba. Había cierto dolor en ese acto, uno agudo, como una fina aguja clavada en la parte alta del pecho. Una punzada. Aske abandonó la puerta y se tumbó apoyando su voluminosa cabeza sobre sus piernas calmando la molestia imprecisa que se extendía desde el pecho al resto del cuerpo.         

Allí las encontró, fundidas en un abrazo, cuando volvió el detective Binici. Le acompañaba un hombre pequeño que se presentó como técnico de la Unidad Nacional Bennu. Vino a hacerle entrega de la memoria de su madre, un objeto de forma ovalada que anidaba cuidadosamente en sus dos manos. Le explicó que eso contenía toda la información necesaria para reconstruir digitalmente la estructura cerebral de su madre y todas sus memorias hasta el momento del accidente. Que la caída no había dañado el órgano y que la migración se había llevado a cabo sin dificultades. Empezó a hablarle de aspectos técnicos y de los posibles problemas para recuperar parte de los recuerdos y como visualizarlos o experimentarlos. De los diferentes programas que podía usar para acceder a ellos. Hablaba y hablaba pero Evren sólo veía unos labios finos rosados que gesticulaban un lenguaje mudo indescifrable. El pez que había sentido antes revolverse en su cabeza volvía a estar allí, ocupándolo todo, nadando en círculos dentro de su cráneo, desbordándola, hasta que ella se hizo agua y vio la aleta del enorme animal adentrarse entre las verdes columnas de algas que la rodeaban. La rodeaba el bosque de algas con sus cintas oscilantes elevándose hacia la fulgente superficie. Empezó entonces a sumergirse siguiendo uno de los haces de luz que atravesaban el mar, hacia dentro, hacia un azul cada vez más oscuro, donde la luz quedaba tan dispersada que su claridad desaparecía, y todo viraba a negro, un negro impenetrable que ya no la dejaba y la arrastraba aún más abajo, donde las dimensiones perdían todo sentido, donde nada y todo era posible.

–¿Señora Evren? –preguntó el detective acuclillándose frente a ella y sacudiendo ligeramente sus hombros–. ¿Se encuentra usted bien?
–Sí, sí.
–¿Está segura?
–Sí, sí. Sólo un poco agotada, ¿sabe? He tenido un día difícil.
–Sin duda, señora. Venga, permítame que le ayude a ponerse en pie. Siéntese en la silla. ¿Quiere un vaso de agua? –preguntó mientras buscaba en el armario un vaso–. Ah, aquí están. Yo voy a tomarme uno, si me lo permite.
Evren asintió con la cabeza.
–¿Y usted, doctor Elbasan, quiere un vaso de agua?
–No. Estoy bien –contestó el hombre que sostenía el objeto ovalado.
–¿Sabe que vamos a hacer? –dijo el detective Binici mientras llenaba los dos vasos de agua– Vamos a informar ahora mismo a la Oficina para que sepan que usted necesita unos días de descanso, porqué usted es una rabdomante, ¿no?
–Sí.
–Pues eso, avisaré ahora mismo a la Oficina para que le confieran unos días de descanso. Usted no se preocupe, no debe hacer nada, nosotros nos encargaremos de todo. Todo lo que debe hacer usted es guardar reposo. Tome.
Se sentó frente a ella, en la silla acolchada de su madre, dejando su vaso de agua en medio de la mesa.
–¡Ah!, mucho mejor ahora –dijo expirando, acomodándose en el asiento, tras beberse el vaso de un sólo trago–. Beba. Verá como le sienta bien.

Era obvio que aquel hombre no iba a dejar de insistir hasta que hiciese lo que le decía. ¿Cuándo se irá?, esa era la duda que más rondaba a Evren mientras se llevaba el vaso hacia los labios.
–Una cosa más, antes de que me olvide señora Evren –esperó a que ella le diese paso a seguir–. He visto que en nuestros datos consta que su madre estaba casada con Lleshanaku Dedeyan. ¿Supongo que es su padre? 
–Sí.
–Bien, su padre nos consta que marchó a la colonia de Marte para trabajar en las minas como parte del Cuerpo de Perforaciones y Extracciones. También nos consta que sigue vivo, aunque ya no activo, pero sigue allí.
–Supongo. Hace mucho que no tenemos contacto.
–Ya. Lo imaginaba, no tenemos registros recientes de comunicación desde aquí con la colonia. Supongo que su padre es uno más de los muchos desarraigados que no vuelven. Lo que quiero decirle, es que no hemos contactado con él, precisamente por esta incertidumbre que tenía sobre la relación que mantenía con usted y su madre. Se lo digo para que lo sepa. Usted decide si le informa o no. Eso lo dejo en sus manos.
–Gracias –se limitó a responder Evren. No había pensado en su padre hasta ese momento ni tenía intención de hacerlo entonces. Tragó lo que quedaba de agua en el vaso confiando que con aquella acción el nombre e imagen de su padre volviesen a ser engullidas por el olvido.
–Bien –dijo el detective irguiéndose pesadamente–. Pues si no tiene más cuestiones ni desea nada más, creo que nosotros hemos acabado aquí, por ahora. Doctor, ¿nos vamos?
–Sí, detective. Le dejo aquí la memoria Bennu. Si en cualquier momento tiene algún problema o cuestión sobre su funcionamiento, no dude en contactar conmigo. He añadido mis datos a su comunicador, llámeme cuando quiera y resolveré cualquier duda que tenga.
–Gracias.
–No son “memorias” lo que podrá visualizar, a pesar del nombre “memoria Bennu”. El cerebro humano no es una computadora, supongo que es consciente de ello, eso es un simple símil práctico, nada más, muy lejos de la realidad. Si quiere aprender algo de su madre acuda a nuestro centro y le ayudaremos a interpretar lo que hemos podido salvar de su cerebro en la memoria. Estaré encantado de ayudarle.
–Gracias doctor.
–Nos vamos entonces. Hágame caso y descanse unos días, sé lo que le digo –se despidió el detective.

La silla muda. 
Los cojines ahuecados dibujando el vacío. 
El peso de la ausencia, pensó Evren, ningún ley física habla de ello. 








8 degustaciones:

Vera Eikon dijo...

Espero pasar en los próximos días, y descubrir los cambios o las cosas que permanece por aquí. Supongo que este texto es la continuación de una historia que todavía no he leído, y ahora toca ir familiarizándose con el mundo que has creado. Descubrir qué son los Rabdomantes, el porqué de las algas rojas, a qué se refiere exactamente el detective cuando habla de memoria. Me resultó fácil sumergirme en la narración, en las emociones contenidas de Evren. Continuaré adentrándome. Por cierto, durante estos últimos meses he descubierto las series nórdicas, y una de las últimas que he visto es Jordskott. Fue entrar en tu blog y acordarme de ella. Si algo tenía claro de mis lecturas por aquí era cómo la naturaleza marcaba el pulso. Y en Jordskott esto se manifiesta claramente, sobre todo en su soberbio y poético final. Un abrazo Aka.

Aka dijo...

¡Vera! Qué sorpresa más agradable verte por aquí. Esto sí que no me lo esperaba, pero bienvenida, por supuesto. Si, el texto forma parte de una serie o algo así que voy escribiendo a ratos, si te apetece leerla y comentar, encantado siempre de escuchar los comentarios.

Pues yo, aún habiendo estado tanto tiempo allí casi no he visto ninguna serie nórdica (tampoco miro muchas, ni las que están en boca de todos) ni en las novelas negras nórdicas que en su día también tuvieron mucho gancho, alguna leí, pero pocas... pero no me extraña que veas en ellas el peso de la naturaleza o de las estaciones, porque si en el sur las estaciones ya marcan, allí los cambios son tan drásticos que realmente marcan el ritmo de vida, ya no el día a día de la gente sino de todo el conjunto, la planificación, adelantarse a los acontecimientos, y luego está la naturaleza, sus paisajes vacíos, los fiordos, las montañas, o las grandes extensiones de bosques y los lagos, porque en algunas partes son muy poquitos, todos reunidos en unas cuantas ciudades al sur de sus respectivos países, dejando el norte, con su oscuridad para las bestias y los "orcos" que aparecen en todos sus cuentos y mitologías antiguas y que debían ser los pobres campesinos o cazadores que malvivían en esas regiones imposibles donde nada crece, recluidos en cabañas de madera. Y ya me vuelvo a enrollar.

En fin, que me ha alegrado mucho tu visita, ha sido una sorpresa que de verdad no me esperaba. Espero que de alguna manera también sigas tu con tus relatos y poesías.

Un abrazo

Vera Eikon dijo...

Precisamente, en Jordskott es constante la presencia de las criaturas de los bosques, o el bosque como un ecosistema con su propia mitología y orden. ¿Cómo encaja ahí lo humano, el progreso, nuestra incapacidad para integrarnos a ese ecosistema?Porque creo que los humanos lo pensamos al revés, creemos que es el bosque el que tiene que integrarse en lo humano. Y en Jordskott esa confrotación, como comenté, se resuelve de manera poética, aunque también dolorosa.
La verdad es que hasta hace dos años yo no era seriófila. Pero ahora reconozco que las series me ofrecen una oportunidad para profundizar similar a la de los libros. Quizás por el hecho de que, como las lecturas, se desarrollan durante un tiempo determinado, y, de ese modo, nos acompañan. Pero me asombra la capacidad de las series (obviamente, algunas)para reinventarse, y tocar temas que en el cine sólo ciertos autores se atreven a tocar, y que poco tienen que ver con el puro entretenimiento.
De hecho las series nórdicas me gustan por la atmósfera, la luz, unos personajes nada planos y bastante inaccesibles, y el rol que desarrollan los personajes femeninos, más determinates de lo que suele ser común. Jordskott se enmarcaría en un género que se llamaría thriller ecológico, que además nos ofrece unos paisajes apabullantes, y un alegato de preservación y respeto.
Pero, en fin, todavía estoy iniciándome...

Por tus palabras, intuyo que ya no estás en Suecia. Espero que todo bien donde estés ahora.
Seguiré por aquí, y trataré de conocer mejor a los Rabdomantes y ese mundo que has creado. Un abrazo!

Aka dijo...

Justo esa mitología y su inmensa naturaleza es la que ha salvado sus ecosistemas, aunque cada vez van a peor desgraciadamente, aún así la actitud de la gente respecto a la naturaleza es muy distinta, más arcaica y pagana, las religiones monoteístas judeocristiano-musulmanas ponen al hombre como centro y el paraíso a su servicio... de una mentalidad así, poco se puede esperar para poner freno al continuo destrozo ambiental y dejar de ver los paisajes como meros valores especulativos. Hasta que no salga más caro destruir que salvaguardar difícil solución veo.

Me has despertado curiosidad por la serie que mencionas, y entiendo la adicción, pues como una novela permite ir conociendo personajes, subtramas dentro de la trama, indagar en los personajes, y no me sorprende que los personajes nórdicos parezcan inaccesibles... buen reflejo de lo que son, culturalmente, personajes íntimos que evitan cualquier interferencia con sus conciudadanos, para protegerse ellos o a los otros, tienen la filosofía de vivir como singularidades en sociedad. Son muy curiosos e interesantes en ese sentido. Y lo de los personajes femeninos también es un buen reflejo de una sociedad en la que las mujeres llevan muchos años de ventaja luchando por su fortaleza e independencia asumiendo la mayoría de roles que los hombres. Algo muy positivo, aunque en los trabajos "simples" (limpian oficinas, cuidan ancianos, etc.) siguen predominando mujeres.

No, ya no estoy en Suecia, aunque tampoco sé con seguridad donde estoy, me vine en verano con lo puesto a Barcelona y sigo aquí, pero con todo lo otro allí, y experimentando este país casi como un desconocido. Ya no tengo la impresión de ser de aquí ni de allí.

Serán bienvenida por aquí Vera.
Un abrazo

Carmela dijo...

Hola Aka, no sabía que habías continuado la historía, no sé que ocurre pero no me avisa de tus entradas como lo hacía antes, pero debo ser yo, porque incluso me cuesta comentar en mi propio blog, tengo que darle varias veces para que salgan mis respuestas a los comentarios, en fin...

Imaginaba que había sucedido lo que tan bien nos cuentas, no quería que fuera así, pero lo prenentía y además creo que es lo que por algún motivo debía ocurrir. He visualizado perfectamente la escena, en ese patio, con esa cocina de fondo, los utensilios, las algas, Aka tumbada en el suelo..... lo que no me esperaba para nada es lo de la memoria Bennu.... que nos deparará tu imaginación...estoy deseando saberlo.

Un beso enorme Aka.

Aka dijo...

No te preocupes Carmela, tus visitas por aquí, sean cuando sean, son siempre una pequeña alegría.

Pues sí, supongo que tenía que pasar, pero me he quedado con tantas cosas que explicar de ella que quizás así, desde la memoria se podrá explicar ese mundo desaparecido al que representa. Lo de la memoria Bennu, a ver como salgo de ella :D
Me he liado con ello y a ver como consigo darle forma, es una idea a la que llevo mucho tiempo dándole vueltas pero a la que me cuesta darle un formato. A ver. Espero no decepcionar mucho tu imaginación :)

Besos Carmela, muchas gracias por la visita!!

el maquinista ciego dijo...

'El peso de la ausencia', lo que ocupa el vacío... curioso, compartimos 'inquietudes' (al menos a mí son cosas que me inquietan, y mucho). Alguna vez me ha pasado de decirle algo similar a alguien y, o bien te entienden y surge una conversación muy interesante, o bien te miran desconcertados, como si te estuvieras volviendo loca, y hay que cambiar de tema a uno más 'terrenal', como si desenchufaras un cable y lo conectaras en otro lado... Como esa memoria Bennu, dios, ¡qué intriga! Sí que te has metido en un buen lío jajaja pero uno fantástico seguro, esto va a traer grandes momentos a la historia, no me cabe duda.
Si uno no se entiende ni siquiera a sí mismo, ¿podremos entender algo de lo que hay en una mente ajena? y, sobre todo, pienso ¿será más beneficioso que perjudicial? Siempre he creído que no me gustaría saber lo que piensan los demás, no quiero 'bajar a sus sótanos'. Querría quizás pinceladas de lo hermoso, pero no sé...da mucho vértigo (por no decir terror). Así que... esperaré impaciente a ver cómo continúa esta parte de la trama :)
Mis condolencias a Evren (aunque aún es pronto para que sienta la pérdida; las muertes se hacen realidad pasado un tiempo, ahora estará como en una nube, el cerebro intentando asimilar y resetear...)

Gracias por continuar la historia, Aka. Un placer seguir con ella.
Y mucha suerte en estos nuevos caminos que toma tu vida ;)

¡Besos y buena semana!

Aka dijo...

Jaja hay temas que requieren encontrar al interlocutor adecuado :) Por eso supongo que con los desconocidos o poco conocidos, de vista, al final uno acaba hablando del tiempo u otras preocupaciones más "terrenales" que pueden ser las más compartidas por todos. Aunque quizás las conversaciones también más "odiadas" por todos, y mientras se habla del viento de la noche anterior, del chaparrón que te ha pillado por la mañana, cada uno dentro elabora su soliloquio sobre "el peso de la ausencia", "qué le pasa a X", "filosofía del arte", "el origen de la vida" o cualquier otra cosa...
a ver que sale de esos soliloquios registrados en la memoria Bennu, que personalmente no me gustaría que existiesen, aunque de hacerlo, me temo que la curiosidad nos llevaría a explorar esas memorias. Sin duda me encantaría poder saber y recuperar cosas del pasado de mucha gente, por conocer su vida mejor, pero con ello aparece el riesgo, casi imposible de bloquear, de que aparezcan lo que mencionas los "sotanos" de la persona y con ello la imagen que se tenía de ella quede alterada totalmente. Riesgo enorme, pero seguro que muchos estarían dispuestos a correr... si es posible entre el caos de la memoria de alguien entender o sacar algo en claro... de la mía me resulta casi imposible :)

Besos Maquinista, y muy buen fin de semana